Brais —San Brais empieza a hacerse famoso cuando le saca a un niño una espina que tiene clavada en la garganta muchos siglos atrás— nace en un rincón donde la lluvia no pregunta y el viento siempre tiene algo que decir. No es valiente por elección, sino por necesidad. Su carácter, prisionero de su propio pensamiento, se caracteriza por ser el fantasma de sí mismo y por andar con los pies atados con hilos invisibles.
Aprende a callar antes que a mentir, a mirar antes que a pedir y a discutir antes que a perder a un amigo.
Lleva siempre en los bolsillos recuerdos que no caben en palabras, y a la espalda una historia que nadie conoce entera.
Cada mañana, Brais se sienta en la misma mesa del bar de la esquina, justo al lado de la ventana empañada. Pide café solo, sin azúcar, y escribe en papeles frases inconexas. No son poemas ni cartas. Son fragmentos. Pedazos de algo que nunca termina de entender.
Los vecinos lo saludan con un gesto leve, como si supieran que cualquier palabra puede romper algo dentro de él. Nadie sabe dónde vive. Nadie sabe a quién espera.
—¿Por qué escribes siempre en papeles desparejados y no en un cuaderno?, le pregunta la camarera.
Brais la mira como si le hubieran tocado una cicatriz aún reciente.
—Porque el papel suelto aguanta muy bien mi locura, le responde como si fuera una sentencia.
En un papel escribe: «Hay lugares que no se olvidan porque nunca fueron visitados». Lo deja sobre la mesa y se marcha sin pagar. Piensa que su «arte» es suficiente pago.
Al día siguiente vuelve como siempre. La camarera no sabe cómo actuar. Es la primera vez que se encuentra con un tipo así.
Esa misma tarde aparece una joven con zapatos negros y una mochila a la espalda. Se sienta a su lado, sin pedir permiso, en el banco público donde Brais está fumando un cigarro.
—¿Eres tú el que escribe triste?, le pregunta.
Brais sonríe por primera vez en años.
La joven recoge con cierta alegría todos los papeles y le pide que le cuente el origen de esa afición. Brais escucha como quien recoge piedras raras en la playa.
La joven se marcha sin despedirse con un «ahora vengo».
Brais espera, pero la joven no vuelve y escribe de nuevo una frase en un papel que saca del bolsillo: «Hay ausencias que pesan más que los recuerdos». Lo deja en el banco.
Cuando Brais abre el portal y mira en el buzón, encuentra un papel que dice: «Búscame porque aún tengo muchas preguntas».
Esa noche nadie más ve a Brais, pero un testigo cuenta que esa noche deja en diferentes bancos de la ciudad papeles con frases escritas por él. Todos al mismo tiempo. Y nadie sabe lo que dicen. Solo alguien afirma que una joven se dedica todas las noches a recogerlos y a guardarlos en una desordenada buhardilla.

Cierto!!! 👏 Qué recuerdos!!! 👏