DISCUSIÓN PSEUDOFILOSÓFICA SOBRE GALICIA

GUSTAVO.- ¿Verano en Galicia? ¿Eso qué es? ¿Una broma climática? ¿Un simulacro de estación? Llevas tres días en chanclas y ya tienes hongos. No hay sol, hay humedad. No hay calor, hay moho. Esto no es verano, es una primavera deprimida con complejo de otoño.

RAMIRO.- Qué bruto eres. El verano gallego es un regalo para los que no soportamos el infierno de Madrid. Aquí respiras. Aquí duermes sin sudar como un cerdo. Aquí puedes caminar sin que el asfalto te derrita las suelas. Es un verano para el alma, no para Instagram.

GUSTAVO.- ¿Para el alma? ¿Y qué hace el alma cuando lleva cinco días sin ver el sol? ¿Se alimenta de niebla? ¿Se ilumina con el gris? No me jodas, Ramiro. Esto es perfecto si eres un helecho. Pero los humanos necesitamos vitamina D, no poesía húmeda.

RAMIRO.- La lluvia limpia, Gustavo. Purifica. Te obliga a parar, a mirar, a escuchar. ¿Has oído cómo suena el agua en los tejados de piedra? ¿Has sentido el frescor de una mañana en Lugo, con el cielo encapotado y el café humeando? Eso es vida. Eso es verano.

GUSTAVO.- Eso es humedad en los huesos, eso es reuma precoz, eso es tener que llevar chaqueta en julio como si fueras el abuelo de Heidi. ¿Y el café? El café humea igual en Almería, pero allí no tienes que secarte los calcetines con el secador.

RAMIRO.- Pero en Almería te fríes. Te cueces. Te conviertes en una croqueta humana. Aquí puedes leer, pensar, escribir. Aquí el verano no te obliga a estar en una piscina rodeado de niños chillando y adultos borrachos. Aquí hay silencio. Aquí hay niebla. Aquí hay alma.

GUSTAVO.- Aquí hay hongos, Ramiro. Hongos en las paredes, hongos en los pies, hongos en el alma. Y silencio, sí, porque nadie quiere salir. Porque está lloviendo. Porque el cielo parece una sábana sucia. Porque el verano gallego es una estafa emocional.

RAMIRO.- Pues prefiero esta estafa a la tiranía del sol. Prefiero un paseo por la playa de Carnota con chubasquero que una barbacoa en Córdoba con 42 grados y moscas suicidas. Prefiero el verde que se riega solo, que el marrón que se quema sin piedad.

GUSTAVO.- Prefieres el verde porque no tienes que tender la ropa. Porque no tienes hijos que se aburren. Porque no tienes que explicar a tus amigos que sí, que es verano, aunque parezca noviembre. Porque vives en una fantasía climática que solo funciona si eres tú.

RAMIRO.- Y tú vives en una dictadura térmica. En un culto al sol que te ha dejado seco por dentro. Galicia no es para todos, Gustavo. Galicia es para los que saben mirar más allá del cielo. Para los que entienden que el verano no tiene que gritar para existir.

GUSTAVO.- Pues que se lo quede Galicia. Que se lo quede con su lluvia, su fresco, su niebla y sus poetas empapados. Yo me voy donde el verano se nota. Donde el sol no se esconde. Donde la estación no tiene complejo de otoño.

RAMIRO.- Y yo me quedo donde el verano no me obliga a fingir que soy feliz solo porque hay sol. Me quedo en Galicia, con mi chubasquero, mi café, mi alma mojada y mi paz. 

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