busco un exceso de amor onde só hai unha man cega, quero apresar a lonxitude do teu tempo coa silueta dos meus desequilibrios e das miñas tolemias, toco a túa alma cando só queres un abrigo para túa pel sen sentimentos, deambulo melancolicamente pola embriaguez dos namorados que non queren saber de amor, e esperto a media noite cunha amalgama de criaturas informes na miña mente que regurxitan outra noite de soidades nocturnas.
MANOS
Tu mano en mi mano y un destino compartido por delante. Ese calcado sueño, por ser imposible, es lo que más purifica mi lamento en tu ausencia. Porque cuanto más lejana te descubro, más nítida se vuelve tu figura, y cuanto más sé que no llegarás, más hondamente te espero. Hay amores que se consumen en la dicha de poseerse; el nuestro, en cambio, parece alimentarse de la distancia, como una llama que sólo encuentra aire en aquello que le falta. Y así camino, acompañado por tu sombra, sosteniendo entre las manos vacías la forma exacta de todo lo que nunca será.
ENVIDIA
No me molestaba que ella brillara, me molestaba no ser su luz. Aplaudía sus logros con una sonrisa tan perfecta que parecía cortesía aprendida, pero por detrás me rechinaban los dientes como si cada triunfo suyo fuese una factura pendiente que la vida me había pasado otra vez a mí. Mis felicitaciones sonaban a protocolo y mis ojos, apenas disimulados, llevaban la cuenta fría de sus aciertos. Nunca quise superarla; no buscaba kilómetros por delante, sino que ella diera un paso en falso. No deseaba verla mejor, sino herida, porque así recuperaba, aunque fuera por un instante, la posición que me negaban sus pequeños espejos de éxito. Otra vez destrocé su victoria.
MAREA
Vuelvo a nuestro viejo escritor, que está empeñado en recordar. Incapaz de mirar su tétrico futuro, se enzarza en una imagen del pasado que le reporta un placer efímero, pero glorioso. Lleno de un placer emocional, visualiza el momento en el que conoció a Asunción, una estudiante de Filología que lo abordó cuando él iba ejercitándose en rimas y estrofas camino de la susodicha facultad. Como siempre, los nervios lo bloquearon, y un éxito amoroso se trocó en una escena patética e infantil. El fracaso vivido fue como un castillo de arena de un niño en una playa desierta antes de un certero y repentino golpe de marea.
DESPEDIDA DEFINITIVA
Se despidió por última vez. En esta ocasión, por su parte, sin dramas, sin lágrimas, sin promesas, sin acariciarme la piel; por la mía, como siempre, con mil ruegos, con los ojos llenos de recuerdos, con una insoportable tristeza ―según ella― y con un futuro de soledades. Como quien apaga la luz y se va sin cerrar la puerta, sabía de la certeza de nuestro adiós. No volverá, me dijo mi alter ego. No hubo despedidas, no, solo la convicción de que ya no era su lugar, ni su historia, ni su dolor, ni mi piel. Y en ese silencio, ella encontró la paz.
