DESPEDIDA DEFINITIVA

Se despidió por última vez. En esta ocasión, por su parte, sin dramas, sin lágrimas, sin promesas, sin acariciarme la piel; por la mía, como siempre, con mil ruegos, con los ojos llenos de recuerdos, con una insoportable tristeza ―según ella― y con un futuro de soledades. Como quien apaga la luz y se va sin cerrar la puerta, sabía de la certeza de nuestro adiós. No volverá, me dijo mi alter ego. No hubo despedidas, no, solo la convicción de que ya no era su lugar, ni su historia, ni su dolor, ni mi piel. Y en ese silencio, ella encontró la paz.

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