QUIÉN ESCRIBE AQUÍ o cómo te pido, por favor, lleno de vergüenza…

QUIÉN ESCRIBE AQUÍ o cómo te pido, por favor, lleno de vergüenza, que leas esta larga entrada porque, de todas las que he escrito, es una de las más importantes para mí.

Hoy no te voy a contar ninguna historia, ni una leyenda, ni un recuerdo, ni un poema. Hoy te voy a hablar del que escribe estas cosas, porque quizá después de más de doscientas entradas ya toca explicar por qué escribo y qué pretendo con este blog.

Después de un sucesivo bloguicidio por mi parte in illo tempore, empecé con este blog el 28 de octubre de 2024. Y con él sigo. Mi fidelidad ha superado, y superará, cualquier laberinto interminable o cualquier muro que se me ponga delante.

Al principio, te invité, con osadía y mucho descaro, a que me siguieras con la suscripción de tu correo electrónico. Así hice con más de 400 personas. Mi ilusión porque llegaran a ti mis textos nubló en gran parte mi raciocinio. Y si tengo que pedirte disculpas, lo hago sinceramente. Obré con muchísimo respeto y con el convencimiento de que mi nombre te iba a garantizar cierto interés por mis escritos literarios. Hablo con absoluta sinceridad: nunca pensé que te fuera a molestar. Nunca. Si lo hubiera intuido, te aseguro que no te hubiera suscrito en ningún momento. A todos nos gusta que nos lean, y el que diga que no, probablemente no dice la verdad.

Llegó el momento y lleno de ilusión, no lo voy a negar, comencé mi periplo como bloguero en poetario.com. Estaba convencido de que ofrecía unos textos atractivos y bien escritos, además de entretenidos.  

Con el tiempo, los suscriptores van bajando poco a poco. No ha habido ninguna catástrofe ni un hundimiento tan marcado como la fosa de las Marianas. Simplemente, que no deja de preocuparme, es una bajada lenta y constante. La bajada de seguidores no es una tormenta repentina, no, es la marea retirándose despacio, llevándose las huellas de los que yo creía seguros lectores. Y eso, aunque uno intente hacerse el fuerte, afecta al ego. Sí, al ego. Es una lanzada en pleno ego. No pasa nada por decirlo.

Yo empecé este blog porque me gusta escribir. Con cierta conciencia, lo hago desde 1994. Eso creía, y eso sigo creyendo, pero con el tiempo he descubierto que no es tan sencillo. Cuando uno escribe y no le lee nadie, se desanima.

Cuando uno escribe y le lee gente, empieza a pensar en la gente que le lee. Y en ese momento empiezan los problemas, porque sin darme cuenta ya no escribo solo lo que quiero, sino también lo que creo que los demás esperan. Y eso es el principio del KO literario.

He descubierto también que hay dos tipos de lectores: los que me leen y los que me conocen. Los que me conocen no me leen solo por lo que escribo, me leen a mí dentro de lo que escribo. Y eso cambia mucho las cosas. Porque entonces he empezado a pensar: este no soporta el gallego, este pensará que hablar de sexo, aunque sea con discreción, es una barbaridad, este dirá que mencionar el vino como elemento de diversión en algunos personajes es incitar a beber, este creerá que decir que fui mal estudiante es dar mal ejemplo. Y así, sin darme cuenta, he creado un bucle temático irrompible. No sé si alguien piensa eso de verdad, pero yo empiezo a imaginar lectores, y el lector imaginado es peligrosísimo.

Yo he sido profesor durante casi cuarenta años y eso deja una manera de estar en el mundo. Durante este tiempo he procurado no influir en mis alumnos, no meterles mis ideas en sus cabezas, no decirles lo que tenían que pensar, sino intentar que fueran personas decentes, esforzadas, solidarias, honradas, libres y respetuosas. Ese era mi trabajo, junto a la enseñanza de la Lengua y la Literatura, y creo que hice un buen trabajo. Pero escribir no es lo mismo que dar clase. El profesor tiene una gran responsabilidad ante sus alumnos, sin embargo, cuando escribo en mi blog no tengo ningún compromiso creativo con mis lectores. Y eso todavía lo estoy aprendiendo.

Escribo en castellano. Me gustaría escribir en gallego, pero no me atrevo por tu reacción de posible rechazo. A veces escribo relatos, a veces recuerdos, a veces cosas que creo que hacen gracia, a veces poemas, a veces hago uso de la retranca gallega, a veces historias de taberna, a veces textos serios, a veces cosas que no sirven para nada y en más de una ocasión ideas deprimentes.

Mi blog no tiene tema, ni línea editorial, ni estrategia, ni nada de eso que ahora parece obligatorio tener. No quiero. Mi blog es simplemente un lugar donde escribo y evito tocar en serio, desde hace muchísimo tiempo, temas para mí conflictivos en la actualidad (política…religión…fútbol…) porque no quiero posicionarme públicamente en estos temas. Y estoy en mi derecho. Mi blog es un blog literario, y dentro de lo literario, libertad absoluta. Ese es mi credo. Es cierto que esto molesta.

Reconozco también otra cosa: me gusta que me lean. A mi carácter triste, depresivo, autoflagelante, tímido, apocado, asocial y de difícil comprensión le viene muy bien saberse leído y mínimamente reconocido. Pero cada vez tengo más claro que no quiero escribir para gustar a todo el mundo, porque entonces no podría escribir nada de verdad y sincero. Si yo escribo sin molestar a nadie, sin incomodar a nadie, sin que nadie piense que me he pasado, probablemente yo esté escribiendo textos carentes de cualquier interés. Y la literatura, aunque sea la de andar por casa, nunca ha sido del todo inofensiva. La literatura busca, de algún modo, la transgresión.

Voy a confesar también otra cosa. Tengo abiertos otros dos blogs: uno solo para poesía íntima y otro para textos en gallego. Los abrí, sin seguidores, hace unas pocas semanas porque pensé que de este modo no molestaría a nadie, que cada cosa estaría en su sitio y que así nadie tendría que leer lo que no le gustaba. Pero hoy, cuando estoy escribiendo este texto, me he dado cuenta de que eso no es organizar los textos, es organizar mis miedos, es priorizar mi obsesión por un «complace» que me está minando como escritor. Es separar lo que escribo para que no choque de lo que pueda jorobar para que no incomodara. Y me he dado cuenta de que eso es segmentar lectores y presentarme por fascículos independientes. Y lo rechazo visceralmente.

En el fondo, y en la superficie, no es sinceridad, es una manera muy sutil de mentir. Es esconderse con un descaro vergonzante para que tal suscriptor no lea la palabra orgasmo porque le disgusta y le contraría.

Así que he decidido cerrarlos ―lo haré en el momento que cuelgue esta entrada― e incorporar todo a poetario.com, mi blog entre blogs. Todo junto y todo revuelto, como suele estar mi vida y como suele estar mi cabeza la mayor parte del día. Si sigues como suscriptor, o entras en mi blog vía web, quiero que sepas que un día te podrás encontrar un poema inabordable para ti; otro, un relato de caraduras y sinvergüenzas; otro, un texto en gallego; otro, un recuerdo de mi época de estudiante; otro, una historia inventada; otro, una reflexión; otro, una tontería o memez supinas; otro, un relato con tintes verdes y otro algo deprimente, como mi carácter. Y ese desorden, en el fondo, y en la superficie, es un claro reflejo de mí. Tengo fama de ser muy ordenado, pero soy muy ordenado porque sé que soy un caos insoportable.

Con el tiempo también he entendido otra cosa: no quiero solo suscriptores, quiero lectores. Y no quiero solo lectores, quiero interlocutores, gente que alguna vez diga «esto me ha gustado», «esto no lo entiendo», «esto es un disparate» o «siga usted por ahí». Acepto cualquier opinión porque el que se expone tiene que llevar en su mochila un depósito para aceptar, sin rechistar, opiniones ajenas diferentes. El silencio es lo más difícil de llevar cuando yo escribo, porque no sé si al otro lado hay alguien con criterio o solo números en una pantalla.

En realidad, este blog no pretende enseñar nada, ni dar ejemplo de nada, ni convencer a nadie de nada. Yo ya he pasado mi vida profesional intentando enseñar Lengua y Literatura y procurando que los chavales fueran buenas personas, entre otras cosas. Ahora ya no educo ni enseño las subordinadas a nadie. Ahora, simplemente, escribo.

Escribo porque me gusta juntar palabras, porque me gustan las historias, porque me gusta el gallego, porque me gusta el castellano, porque me gustan las tabernas literarias, porque me gusta la memoria que no tengo, porque me gusta inventar, exagerar, recordar y a veces hasta decir alguna verdad entre tanta trola.

Así que mi blog va a seguir siendo lo que es: un sitio donde un profesor jubilado escribe lo que le da la gana. Y el que quiera leerlo, que lo lea. Y el que no, que no lo lea. No pasa absolutamente nada.

Después de toda una vida trabajando, creo que uno se ha ganado el derecho a escribir sin pedir permiso. Mi blog no va a cambiar para agradar, no, va a seguir siendo un espacio de libertad creativa.

El gallego lo escribo porque hay recuerdos, personajes, conversaciones y maneras de contar que solo me salen en gallego. Traducirlas sería como cambiarles la voz. Como te he dicho, tengo abierto otro blog solo para los textos en gallego, pero me he dado cuenta de que eso también es una forma de separar sentimientos que en mi cabeza y en mi vida van juntos. Así que a partir de ahora el gallego y el castellano convivirán aquí, en poetario.com, con total normalidad, como han convivido siempre en mi vida.

Y eso es todo. O casi todo. Si quieres contactar conmigo antes de darte de baja como suscriptor, si ahora sí te quieres suscribir, si me quieres cantar las cuarenta o si quieres simplemente insuflarme ánimos, escríbeme a jmmaiz@telefonica.net o maiztogores@gmail.com. Serás muy bien acogido.

En Madrid, a las 6:08 de la mañana, del 26 de marzo de 2026, día de San Braulio de Zaragoza y día mundial de la meteorología. El 26 de marzo de 1892 falleció Walt Whitman, autor de Hojas de hierba y uno de los más importantes poetas estadounidenses, pilar fundamental de toda la lírica contemporánea. (A la sombra del verbo)

3 comentarios sobre “QUIÉN ESCRIBE AQUÍ o cómo te pido, por favor, lleno de vergüenza…


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    https://polldaddy.com/js/rating/rating.jsJosé María, me parece estupendo que juntes todos tus escritos porque así los que no somos ordenados elegimos lo que cada día nos apetece leer. ¡¡¡No puedo con la rigidez del orden.!!! Sigue escribiendo, ¡no lo dejes nunca!, habrá días que no podemos leerte, pero otros días, que podemos, leemos 3 de tus entradas. Juntas muy bien las palabras.

  2. El desorden es el orden al que estamos acostumbrados… Te lo dice una caótica empedernida… Bienvenidos todos los textos en la forma, idioma y temática que a ti te parezca bien, que para eso es tu blog! Besazos enormes!

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