Otro merluzo en la cazuela de los conspiranoicos. Afirma, al estilo medieval, y desde una insolente necedad, que la tierra es plana. Este pseudocientífico alardea obscenamente de una estúpida teoría que vociferan los gañanes de la oscuridad científica. Los terraplanistas son ese hermoso recordatorio de que la evolución no garantiza la actualización del software mental. Son valientes exploradores del siglo XXI que, armados con memes, videos de YouTube y una sospechosa desconfianza hacia la geometría, se atreven a desafiar siglos de ciencia con el entusiasmo de quien acaba de descubrir que Google Earth no es prueba suficiente. Para ellos, la NASA es una secta, los satélites son hologramas, y los vuelos internacionales una elaborada coreografía de pilotos cómplices para mantenernos engañados. Es fascinante: desconfían de todo menos de su propio Wi-Fi, creen que el mundo es un escenario gigante cubierto por un domo, pero nunca se explican por qué los gatos no se han caído por el borde. Y aun así, se sienten los héroes de la razón, los iluminados que vieron la verdad en un foro con faltas de ortografía y música conspiranoica de fondo. En el fondo, los terraplanistas no son un peligro para la ciencia: son su comedia involuntaria, el recordatorio de que, por más avances tecnológicos que tengamos, siempre habrá alguien dispuesto a mirar el horizonte… y pensar que hasta ahí llega la inteligencia humana. (Diccionario subjetivo e hiperbólico de la lengua cotidiana y aledaños)
TERRAPLANISTA
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