…/…¡Ah! La prosa de este autor que nadie lee, pero que todos critican. Un verdadero enigma literario: logra incomodar sin ser leído, desesperar sin ser comprendido. Su estilo, generosamente descrito como «experimental» y «muy personal», parece más bien un accidente lingüístico en cámara lenta. Sus frases, eternas como las colas de la seguridad social, van de lo abstracto a lo ininteligible sin escalas. Y sin embargo… ¡Qué coherencia en su incoherencia! ¡Qué valentía al desafiar la lógica, incluso la gramática y, en ocasiones, el sentido común! Lo suyo no es escribir: es resistirse a la idea misma de comunicar. Y por eso, tal vez, lo necesitamos. Porque en un mundo de clichés y fórmulas, alguien tiene que recordarnos que la literatura también puede ser una bofetada disfrazada de párrafo. A su manera ―confusa, excesiva, gloriosamente ilegible― ha logrado lo impensable: que nadie hable de él. ¿Qué mayor triunfo para un escritor?…/… (Fragmento del discurso posverdad del autor en su ingreso en la «Inexistente y Grandiosa Sociedad Literaria de Escritores que Nunca Publican»). (A la sombra del verbo) (1995-2025)

José María. Soy una de tus fans.