COLÁS

Los años sesenta fueron años de mucha emigración a centroeuropa. Allí se instalaron miles de gallegos que desde muy diferentes lugares y aldeas marcharon camino de una vida mejor. La vuelta de algunos de ellos era un variado arco iris de actitudes y comportamientos. El que venía callado y con una mirada triste, pensando que aquello no era lo que le prometieron. El que venía presumiendo de sus éxitos en la Alemania más moderna. O el que contaba mil conquistas conduciendo un cochazo jamás visto en la aldea. Luis Roxo regresó un verano fanfarrón e hinchado como un engreído de capital.

Lo primero que hizo fue a ir a la taberna del Bauprés, hombre sensato y respetuoso que había hecho la mili en Ferrol, donde era conocido entre los quintos peludos como O Trespés, por su gran virilidad.

―Sois unos ignorantes y unos iletrados. No tenéis ni idea de la realidad europea. A ver, tú, que presumes tanto, ¿quién es Charles de Gaulle? Un silencio espeso se hizo en la taberna. Cada uno con su taza de vino en la mano y mirando al infinito.

―El nuevo presidente de la República francesa. Sois unos analfabetos, unos rebozados de merda. Como dice mi vecino, alemán de pura cepa, que sólo os interesan las  vacaciones, el sol, la buena comida y una vida de taberna. ¡Nada de traballar!

El amigo Luis, animado por la exhibición, quiso finalizar la faena con otra pregunta:

―Y el Willy Brandt? Silencio más espeso aún. Veis. Sois la escoria de Europa. Comprad libros, ved las noticias de televisión y dejaos de caralladas. Pues es el mejor alcalde de Europa. Es un gobernante serio y muy preparado, que llegará a presidente de Alemania.

Farruquiño se hartó de tanta lección y le hizo, animado por el vino, la pregunta que tenían todos en la cabeza.

―¿Y tú sabes quién es el Colás, cona da vaca? Ante lo silencio de Luis Roxo, era el nombre del emigrante, Farruquiño continuó:

―Pues el Colás es el que habla con tu mujer y le seca las lágrimas todas las noches mientras tú aprendes esas chuminadas en Europa.

La taberna rompió a reír con unas carcajadas que escuchó todo el mundo en la aldea y Luis, sin finalizar la taza, marchó en silencio absoluto y con la cabeza baja para no batir los cuernos con el marco superior de la puerta. (Del libro Galicia queda al norte en el blog poetario.com) (1994-2026)

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