ESTREÑIMIENTO

Estado de absoluta sorpresa del ser humano ante los retortijones ocasionados por una ilegal huelga de heces fecales que puede alcanzar un tiempo indefinido si no actúa un interviniente con una placentera manipulación del esfínter anal para que se libere el extremo terminal del tubo digestivo. El estreñimiento es esa experiencia mística que te hace creer en el karma, porque claramente estás pagando por todos tus pecados, uno por cada día que el cuerpo decide rebelarse. Es una vergüenza tan universal como silenciosa: nadie lo admite, pero todos caminan por la vida con la misma mirada de sufrimiento zen, fingiendo serenidad mientras por dentro libran una guerra civil intestinal. De pronto, la fibra se convierte en religión, el baño en santuario y el papel higiénico en símbolo de esperanza. Y ahí estás tú, negociando con tu propio organismo como si fuera un político corrupto: prometes comer verduras, beber agua y dejar el queso, aunque los dos sabemos que en cuanto logres ‘el milagro’, volverás a abusar del pan blanco con la fe ciega de quien no aprende. Porque si algo enseña el estreñimiento es que el cuerpo tiene memoria, el orgullo no, y la vergüenza… se sienta contigo, literalmente. (Diccionario subjetivo e hiperbólico de la lengua cotidiana y aledaños)

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