«EL BUEN TIEMPO»

En Galicia el buen tiempo no existe: se declara.

Aquí «hace bueno» cuando la lluvia solo te humilla, pero no te arranca el paraguas de las manos. La lluvia no cae: ataca. En vertical, en diagonal, con vocación coreográfica. Si tuviera sindicato, ya habría pedido reconocimiento artístico.

Llevamos tanto tiempo bajo el agua que el sol parece propaganda extranjera. Algo que sale en catálogos turísticos junto a sonrisas sospechosas.

Los ríos se desbordan con entusiasmo oceánico, el jardín muta en arrozal experimental y aun así repetimos: «esto le viene muy bien al campo». El campo, si pudiera hablar, pediría tregua.

El baremo es simple:

–Si no graniza como si Dios vaciara el cenicero, es primavera.

–Si los truenos no te recalculan el pulso, es verano.

–Si llueve pero no ventea, es lujo asiático.

Los claros son criaturas mitológicas. Hay quien ha visto meigas, quien ha visto trasnos… pero un cielo azul sostenido más de siete minutos es herejía atmosférica.

Y cuando deja de llover cinco minutos, salimos a la calle como si regalaran eternidad. Gafas de sol con nubes negras. Manga corta con dignidad tiritante. Porque aquí el buen tiempo no es clima: es resistencia moral. 

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