Cuando pienso en Galicia, no pienso solo en un lugar del mapa. Pienso en una manera de mirar el mundo.
Galicia es niebla y es luz. Es el rumor constante del Atlántico, el verde profundo de los montes, la piedra antigua de las aldeas y el silencio que habita en los caminos. Es también memoria: memoria de quienes vivieron antes, de quienes partieron y de quienes, generación tras generación, siguieron nombrando la tierra como algo propio. Este texto nace de esa memoria, aunque hay conocidos míos que se empeñan en recordarme que yo no tengo nada de gallego.
Breogán evoca una figura mítica que, más allá de la leyenda, representa una raíz profunda de la cultura gallega. Breogán es símbolo de origen, de identidad y de esa antigua conciencia atlántica que conecta Galicia con historias y pueblos que miraron siempre hacia el mar.
Pero este texto no pretende hablar desde la historia erudita ni desde la leyenda lejana. Pretende hablar desde la experiencia, desde el recuerdo, desde las pequeñas escenas que forman la vida de una tierra. Porque Galicia vive en los grandes relatos, sí, pero también en los detalles: en una conversación al atardecer, en el olor de la lluvia sobre la tierra, en el sonido de una campana que marca el paso del tiempo o en la lejanía que duele cuando se palpa en esta tierra de secano y calor asfixiante.
Estas palabras son, en cierto modo, un intento de escuchar. Escuchar lo que me dicen los lugares, lo que me dicen las personas, lo que me dice la memoria. Y convertir esa escucha en palabras.
Quizá por eso el título sugiere palabras. No son solo palabras escritas: son palabras heredadas, palabras escuchadas en la infancia, palabras que han viajado con quienes emigraron y palabras que regresan siempre, como regresa el mar a la costa.
Si Breogán simboliza el origen, este texto quiere ser un eco contemporáneo de ese origen: un pequeño testimonio de lo que Galicia ha sido, es y seguirá siendo para quienes sienten su presencia más allá de la distancia.
Porque Galicia no es únicamente un territorio. Es una forma de pertenencia.
Y tal vez, al final, estas palabras no sean solo de Breogán, sino también de todos aquellos que, de una u otra manera, seguimos sintiéndonos hijos de esta tierra atlántica. (Del libro Galicia queda al norte en el blog poetario.com) (1994-2026)
