ENTREVISTA SURREALISTA ENTRE UN EMPRESARIO Y UN TRABAJADOR

Empresario.- Buenas tardes, caballero. Usted es el candidato número 27. Los anteriores ya se marcharon corriendo. ¿Trae algo especial para convencerme?

Trabajador.- Traigo un saco de patatas y una gaita. Las patatas son para negociar el salario y la gaita para animar las reuniones.

Empresario.- Excelente. Aquí valoramos la innovación. ¿Sabe usted hacer informes?

Trabajador.- Informes no, pero sé inventar palabras raras y ponerlas en un PowerPoint con colores llamativos. Eso siempre impresiona.

Empresario.- Eso es exactamente lo que necesitamos. Aquí nadie lee los informes, pero si tienen gráficos y palabras como «sinergia disruptiva» ya parece que trabajamos.

Trabajador.- Pues yo también puedo añadir frases en latín inventado. Por ejemplo: «Pataticus maximus». Queda muy profesional.

Empresario.- Maravilloso. El puesto es de director de nada. Tiene que mandar sobre todo el mundo sin hacer absolutamente nada. ¿Cree que puede?

Trabajador.- Hombre, yo ya mando en casa sin pagar facturas. Esto sería un ascenso natural.

Empresario.- El salario es simbólico: dos monedas de chocolate al mes y acceso ilimitado a la máquina de café, siempre que traiga el azúcar de casa.

Trabajador.- Perfecto. Yo ya estoy acostumbrado a cobrar en especie. En mi último trabajo me pagaban con entradas para la verbena y vales de churrasco.

Empresario.- Aquí también tenemos beneficios sociales: puede llevarse a casa los clips, las grapas e incluso los post-it usados. Eso sí, tiene que firmarlos como si fueran patrimonio histórico.

Trabajador.- Me encanta. Además, quizá monte un museo de material de oficina robado. Ya veo a la gente pagando entrada para ver un boli Bic medio mordido.

Empresario.- Usted tiene visión empresarial. Dígame, ¿cómo se ve dentro de cinco años?

Trabajador.- Dentro de cinco años me veo sentado en la misma silla, pero con una manta encima, porque seguro que no ponen calefacción. Y con más patatas, claro.

Empresario.- Esa ambición es la que buscamos. La empresa necesita gente que no quiera progresar, para que no nos dé trabajo despedirla. Bienvenido al equipo.

Trabajador.- Gracias. Eso sí, mañana no vengo, que tengo que ir a la feria. Pero pasado mañana igual paso a tomar un café y ya vemos.

Empresario.- Perfecto. Aquí la puntualidad es opcional. Lo importante es que parezca que trabajamos cuando vienen los inspectores. Si no viene, mejor, que así no ocupa sitio.

Trabajador.- Pues ya está. Contratado sin trabajar. Este es el mejor empleo de mi vida. Voy a celebrarlo con una tapa de pulpo.

Empresario.- Y yo con un vino. La empresa queda cerrada hasta nuevo aviso. ¡Productividad gallega en su máximo esplendor! 

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