SUDOR

Es el mayor emético del verano en Madrid. En mi dormitorio a las 12 de la noche, 32 grados centígrados. No exagero. Me doy asco. Sí. No me puedo callar. No te puedes imaginar la dosis de aversión que se concentra en mi náusea. Desde hace varios meses no hay nanosegundo en el cual no impregne mi ropa de una humedad emulsionada fétidamente por mis glándulas sudoríparas. Me da una arcada interminable cada vez que siento mi cuerpo empapado de esa pestífera descomposición del sudor. (Diccionario subjetivo e hiperbólico de la lengua cotidiana y aledaños)

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