LA SANTA COMPAÑA DE COÑA

Dicen que La Santa Compaña recorre los caminos gallegos en silencio, portando velas, cruz y penitencia. Pero eso era antes. Hoy, la procesión espectral ha evolucionado. Ya no busca almas: busca la cobertura del móvil, un café de puchero y alguien que sepa usar Google Maps.

A la cabeza va el alma en pena, víctima no del pecado, sino del estrés laboral. Lleva una tableta encendida, buscando señal entre los eucaliptos. Le sigue una comitiva de vecinos que se apuntaron por error, creyendo que era una excursión del Imserso con merienda incluida. El portador de la cruz ya no arrastra madera: lleva una cruz de LED con bluetooth y altavoz incorporado, reproduciendo cantigas de Amancio Prada en bucle. El perro negro, antaño símbolo del más allá, ahora se llama Chipichospis y lleva un abrigo impermeable con estampado de grelos.

La ruta oficial va del cementerio al bar de Manolo, pasando por la taberna de Maruxa. Se detienen cada 300 metros para pedir fuego, aunque todos son incorpóreos. Si llueve, se suspende. La Santa Compaña no sale sin paraguas ni chubasquero, aunque esté homologado por la Xunta. En caso de niebla, se activa el protocolo de emergencia: todos en fila, agarrados a una cuerda fluorescente, como excursión escolar.

Las normas son claras: no se aceptan vivos sin sentido del humor. Se recomienda llevar empanada para compartir y evitar cruzarse con la procesión si estás en pijama. Si te los encuentras, no huyas: probablemente te pidan la contraseña del WiFi o te ofrezcan un folleto de propaganda de su nuevo canal de TikTok: @CompañaFantasma.

Y si sobrevives al encuentro, no te conviertes en el nuevo guía. Te conviertes en el CEO de la Santa Compaña, encargado de actualizar su perfil, responder comentarios tipo «¿Dónde estáis esta noche?» y subir selfis espectrales con filtro de niebla.

Porque en Galicia, incluso los muertos tienen agenda. Y sentido del humor. (A la sombra del verbo)

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