INVENTARIO CAÓTICO

Un «inventario caótico» en literatura es un texto que consiste en hacer una enumeración en la que se listan elementos de forma aparentemente desordenada, acumulativa o fragmentaria, con el efecto de transmitir abundancia, confusión, sobrecarga sensorial o desorden mental.

Las características principales son: enumeración extensa e inconexa, falta de orden lógico aparente, ritmo acumulativo: cada elemento suma intensidad o extrañeza, función expresiva: evocar caos, multitud, saturación, ruptura de la coherencia textual, frecuente en flujos de conciencia, pretende mostrar la fragmentación del pensamiento o la memoria, subraya un exceso de sensaciones y provoca sorpresa, humor, ironía o angustia, según el tono.

NO ME GUSTA el lector de un único libro, el comentario maledicente, el café con espuma, la suciedad de las calles, el olor a sobaco en el metro en el mes de agosto a las tres de la tarde, el beso que te deja la mejilla húmeda, el pulpo crudo, el calor asfixiante de Madrid, la tienda con ambientador de frambuesa y kiwi, la mierda de los perros sin recoger, el insomnio, la gente que mastica con la boca abierta, el café hiperestimulante de algunas oficinas, el nuevo cartón de leche que no hay quien sirva sin derramar una gota un primer vaso, las motos sin silenciador, el spoiler sin previo aviso, la persona que niega diciendo «para nada», el pazo de un conocido semiderruido, el recuerdo triste pero recidivante, la interrupción cuando alguien está hablando, el minuto convertido en una hora de atención al cliente, el sonido de un cuchillo en un plato de porcelana, el dedo meñique erecto, la capa de grasa de algunas botellas en los bares de mala muerte, la persona mayor que no respeta el turno sin decir nada, el aliento que producen algunos cereales, el que te dice que te relajes cuando estás muy molesto, la hipocresía disfrazada de cortesía, el sonido de los microondas o de las cafeteras de cápsulas mientras escuchas la radio, el bocadillo de chorizo en un lugar cerrado, el tiempo de espera mientras se abre una página web importante, la persona que va avasallando por la calle porque sólo ella tiene prisa, el sonido de llamada de mi móvil, la promesa rota sin explicación, la arena de la playa mientras se seca el bañador en el coche, la gente que no escucha y que sólo está esperando su turno de palabra, el tacto de un pantalón vaquero con apresto, los intransigentes con piel de cordero, el que hace distinciones con el rh de los hombres, el calcetín mojado, la persona que dice «yo no veo series» como si fuera superior espiritualmente, el sonido alegre del despertador, el compañero que «no cree en horarios, pero mágicamente aparece solo para el café, el que responde a mis guasaps largos con un emoticono, el fenómeno que dice «yo no necesito vacaciones» porque ya las disfruta el resto del año en el trabajo, ese «comprensivo» que te dice «tú haz lo que te haga feliz» y luego te critica a tus espaldas, el cambio constante de contraseñas y la cuenta corriente de mi banco.

SÍ ME GUSTA Enrique Urquijo, y Antonio Vega, y Andrés Do Barro, y Antonio González, el olor de un niño recién bañado, el sonio de una aguja cayendo en una sala en silencio absoluto con suelo de madera, la forma de expresarse de los apasionados, la Capilla Sixtina y el Dolmen de Dombate, pelar de forma perfecta una mandarina de una sola vez, el aroma de la leche acabada de ordeñar, la sonrisa femenina, la lectura del mismo párrafo tres veces porque te gusta cómo suena, la lengua afilada de Pérez Reverte, la manzana de color rojo sangre, la persona que cambia de opinión radicalmente y se siente libre por ello, una tienda de libros en un lugar desconocido e inesperado, el paseo por una calle vacía mientras llueve a modiño, la fresa de Aranjuez, el calcetín nuevo, suave y sin pelusas, el pulso de una mano acariciando mi piel, un guasap inesperado, bailar torpemente en casa como si fuera la estrella de un videoclip, el pan de boroa, el sentimiento de una mirada caliente, el primer sorbo de zumo de melocotón frío, un verso de Pessoa, y uno de Machado, y uno de Whitman, el estudio y el aprendizaje de algo inútil pero fascinante, como que los pulpos tienen tres corazones, escuchar el silencio frente a la Costa da Morte, el lejano ladrido de un can de palleiro, el cuadro de inspiración hiperrealista, una mirada al cielo y sentir que todo tiene sentido por cinco segundos, degustar un buen vino con un amigo en una tasca de una aldea casi deshabitada, la comida de algo crujiente sólo por el sonido, el olor a jabón de hotel, el respeto a la intimidad y al pensamiento ajeno, el que se reconoce espectador de programas de cotilleo, jugar a algo sin saber las reglas y ganar igual, hacer una parada en un interminable viaje en coche, el tacto de un libro sin estrenar, cantar muy mal pero con orgullo, la tranquila tarde de domingo, ver el suelo de las calles limpio, extender la ropa lavada, la humildad de los inteligentes, verte en el espejo y decir «hoy tampoco»,  el reencuentro con una canción que olvidaste que te encantaba, el silencio del teléfono, el que sabe escuchar con atención, una comida tan picante que te hace ver el futuro, sentarte en silencio sin hacer nada y que eso sea suficiente, recibir una carta escrita a mano, meterte en la bañera con un libro y salir arrugado pero feliz, encontrarte una moneda antigua y pensar en quién la usó, la sensación del viento fuerte en la cara como si te despeinara los pensamientos, el desayuno a la hora de la cena, el beso inesperado de una mujer, el recuerdo de un sueño raro y pensar que podría ser una película, componer listas caóticas como esta y sentir que estás creando arte, todo lo que me huele a ti y el estilo de vida de Don Quijote.  

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