Hoy queremos recordar a quien fue mucho más que un profesor: fue guía, fue ejemplo, fue una presencia serena y firme en los pasillos de la enseñanza media. Decían de él que era buena persona, y quienes lo conocían sabían que no era solo una fórmula amable, sino una verdad profunda. Buena persona, sí: porque escuchaba, porque respetaba, porque nunca perdió la paciencia ni la humanidad, ni siquiera en los días difíciles.
Decían también que era buen profesor. Y eso, en su caso, significaba mucho más que saber explicar sintagmas o comentar poemas. Significaba despertar curiosidades, abrir puertas, hacer que los libros hablaran y que la lengua se volviera hogar. Tenía el don de hacer pensar, de hacer sentir, de lograr que cada alumno se sintiera capaz de escribir su propia historia.
No buscaba protagonismo, ni medallas, ni reconocimientos. Pero hoy, en este momento, queremos darle lo que merece: un recuerdo agradecido, una palabra que perdure, un silencio que lo abrace. Porque fue maestro, y porque fue humano. Y eso, en el fondo, es lo más alto que se puede ser. (Palabras de un exalumno de hace tiempo)
Te adjunto el vídeo con imágenes que proyectaron el otro día (30-6-2025) en el colegio Jesús-María de la calle Juan Bravo 13, cuando celebramos mi jubilación después de 37 años en la enseñanza. La música fue elegida por mí y no podía ser otra canción que Pero a tu lado de Enrique Urquijo y Los Secretos. El autor del montaje es Pedro de Goyeneche. Muchísimas gracias por seguirme. No me cansaré de repetirlo.
Aunque comienza una nueva etapa en mi vida, ya extraño las miradas curiosas de mis alumnos, las conversaciones compartidas con mis compañeros y la calidez del día a día en el colegio. Me llevo recuerdos imborrables y un profundo cariño de cada uno de vosotros.
Como me dijo un alumno: se jubila, profe, no… Con usted se va la última esperanza de que yo entienda las oraciones subordinadas. Ja.
Me jubilo, sí… pero no me despido del todo. Ya echo de menos a mis alumnos (incluso a los que no paraban de hablar) y a mis compañeros (especialmente en el café de primera hora, en el del recreo y las confidencias de los pasillos). ¡¡¡No sé cómo voy a sobrevivir sin reuniones interminables, fotocopias de última hora y evaluaciones llenas de bombones, churros y bollos ¡Los voy a extrañar más de lo que os imagináis!
Hace ya unos días, a eso de las doce de la noche, disfrutaba tomando una copa en una de las múltiples terrazas que hay en la calle Juan Bravo. En mis manos, un libro sobre la reconstrucción personal; en la mente, un recuerdo muy cercano en el tiempo: mi jubilación. Soy hombre que no sabe elegir caminos rectilíneos, no. Suelo escoger caminos tortuosos y llenos de obstáculos que me sumergen en una ciénaga de arrepentimientos que dañan mis francas decisiones. Arrepentirse es parte de nuestro crecimiento, incluso a mi edad, pero no debe invalidar nunca lo que decidimos con plena convicción. Cada elección nos forma, incluso si me convirtiese en la decimoctava víctima del caníbal de Milwaukee, asesino conocido por la crueldad de sus homicidios. ¡Vaya digresión te has marcado, José María!
Ofuscado en la lectura de un párrafo que no entendía, no me di cuenta de que estaban delante de mí los padres de una antigua alumna del colegio. Pidieron permiso para sentarse. Dado de sumo agrado, mantuvimos una gratísima conversación sobre la decisión de jubilarse a la edad correspondiente o de proseguir, en mi caso, con la condición de profesor en activo. Me pidieron que siguiera, pero me reafirmé en la decisión tomada.
Suscritos a mi blog, me pidieron que volviera a colgar el texto que escribí para comunicar mi determinación porque no lo encontraban. Sabemos de tu condición de bloguicida, pero la aceptamos con suma estima y cordialidad, me dijeron cuando se despidieron. Allí entenderéis la opción tomada por mí. Y en ello estoy.
Después de 37 años de dedicación a la enseñanza, llega un momento en el que el cuerpo y la mente necesitan un descanso. Lejos queda aquel 15 de agosto de 1958 cuando, en un día lluvioso, llegué a este mundo en mi querida Santiago de Compostela. Este final del camino educativo, donde cada paso deja una cicatriz y una enseñanza, lo alcanzo pleno de satisfacción y con el gozo de la labor realizada. Optar por la jubilación, sabiendo que con la legislación actual podría seguir, es una decisión tomada por diferentes razones, pero muy meditada. Soy un hombre de impulsos, pero en esta ocasión lo he meditado con muchísima tranquilidad. ¿Me estoy equivocando? Como dice Fito en una canción: me equivocaría otra vez.
No consigo localizar el origen concreto del cansancio mental que he experimentado este curso, con creces el más difícil para mí. Dar clase este curso ha sido como remar contra corriente en un mar de altas expectativas, donde cada evaluación ha sido una tormenta y cada alumno, una posible vía de agua en el barco que tiene un mismo destino para todos los alumnos: alcanzar la mejor nota posible en junio. El esfuerzo constante que me autoimpongo para atender las necesidades emocionales ―son adolescentes desbocados, al fin y al cabo―, académicas ―pelea constante por obtener las mejores notas siempre― de los estudiantes, las recidivantes correcciones y la carga administrativa ―de la que hablaré otro día― han socavado mi autoestima y alterado seriamente mi equilibrio emocional. Este agotamiento, muchas veces invisible, me demanda espacios de cuidado y atención personales. Como bien me dice mi alter ego: has caído, José María, en un abotargamiento inquietante.
Otra razón por la que he decidido mi jubilación este curso es que mi hermana me necesita. No es dramatismo. Es realidad. Mayor que yo, vivimos juntos porque hemos logrado, con el esfuerzo de los dos, una gran estabilidad fraternal. La vida ha sido muy cruel con ella y las situaciones personales que ha sufrido, en muchas ocasiones sin previo aviso y de una dureza bárbara, requieren que esté más presente, ya sea para cuidar de ella o simplemente para acompañarla. Las alternativas, altamente onerosas para los dos, eran inasumibles en el tiempo. Siento que ahora es el momento de estar con ella.
Y la tercera razón, la lectura y la escritura. Preciso volver a leer con la calma y la libertad que un hombre de casi 67 años precisa. El 15 de agosto caen 67 cual saco de promesas a la espalda y los quiero cumplir libre de condicionamientos educativos. Tengo un blog, en el que voy colgando textos de todo tipo: anécdotas, narraciones, pensamientos, textos surrealistas, capítulos de Hatroz…
Este blog es http://www.recuncar.com. Creías que te ibas a librar: ¡¡¡suscribe a tu gente, venga, anímate!!! Hay otro que está «en pañales». Me quiero dedicar a él para seguir colgando textos y evitar, el viento no se puede atrapar, y una aguja hecha de humo es intangible, la pérdida de textos y de lectores. Defender mis blogs es defender mi derecho a ser escuchado en un mundo saturado de ruido. Mantener dos blogs es un acto de constancia, creatividad y evolución. Luchar por ellos es también luchar por mi desarrollo personal, ya que cada entrada me enseña algo nuevo, sobre mí y sobre los demás. Estoy convencido de que si me leyera el que no me conoce se suscribiría.
―Ya está bien de hablar de ti, José María. No sabes generalizar y necesitas siempre ser el perejil de todas las salsas.
Mi alter ego me tiene la paciencia agotada.
―Pues te vas a fastidiar porque voy a seguir. Hoy, con más razón que nunca, es obligatorio reflexionar sobres las razones que me llevan a tomar una decisión tan importante en mi vida laboral.
El viernes 12 de junio celebramos la finalización del curso de 1º de bto. Reunidos en el salón rojo del colegio la dirección pedagógica, los tutores, algunos profesores y todos los alumnos de este curso, compartimos un acto muy entrañable, en el cual entregamos los premios a unos pocos, siendo todos merecedores de ellos. Comenzó el acto con unas palabras muy afectuosas de la directora pedagógica dirigidas a los alumnos. La ceremonia fluía tranquila cuando Rían mencionó mi retirada después de una larga trayectoria en el colegio y, con la naturalidad del afecto que guardaban en su interior, todos los presentes prorrumpieron en un cálido y prolongado aplauso que me puso el vello de punta.
Quiero tomarme este momento para agradecer, desde lo más profundo de mi corazón, el aplauso tan generoso y emotivo que me brindasteis. No sabéis cuánto significó para mí ese gesto. Fue mucho más que un simple aplauso, fue un abrazo colectivo, una despedida sincera, una muestra de aprecio que guardaré siempre conmigo.
Despedirse nunca es fácil, sobre todo cuando uno se marcha de un lugar donde ha vivido tanto, ha aprendido tanto y ha compartido tanto. Vuestro aplauso me recordó el porqué elegí esta profesión: por la posibilidad de acompañar a personas como vosotros en un tramo de su camino, de contribuir ―aunque sea un poco― a vuestro crecimiento y a vuestra forma de mirar el mundo. Y me acordé de García Márquez cuando dijo: «no llores porque terminó, sonríe porque sucedió».
Cada clase, cada conversación en los pasillos, cada sonrisa en un lugar inesperado del colegio, incluso cada reto ―la maldita sintaxis―, ha sido parte de una experiencia que me ha enriquecido profundamente. Vosotros no solo habéis sido alumnos, habéis sido también maestros, porque me habéis enseñado a ser mejor profesor, a ser más paciente, más creativo, más humano y menos gruñón.
Me voy con la tranquilidad de haber dado lo mejor de mí, pero también con la emoción de llevarme tanto afecto. Ese aplauso fue un regalo inmenso que me acompañará allá donde vaya y que permanecerá grabado en mi memoria como uno de los momentos más hermosos de mi vida profesional.
Gracias por vuestra generosidad, por vuestra energía, por vuestra confianza. Y, sobre todo, gracias por permitirme formar parte de vuestra historia. Yo soy un pequeñísimo engranaje en vuestra educación, porque vosotros realizaréis con ilusión, curiosidad, compañerismo, esfuerzo y compromiso un segundo de bachillerato que cerrará, estoy seguro de que con éxito pleno, vuestra etapa educativa en el colegio. Creed en vosotros, apoyad a los demás, y no dejéis nunca de aprender.
Escuchad estas cuatro canciones que seguro, o quizá, las conocéis:
1.- Melocos.- Cuando me vaya. Con Natalia Jiménez. Del año 2007. Puso los pelos de punto a la promoción que salió ese año del colegio cuando la escucharon en la despedida.
https://www.youtube.com/watch?v=TjK8m4XhcOs&list=LL&index=40
2.- Miley Cyrus.- I’ll always remember you. La canción destaca la importancia de recordar los buenos momentos y las amistades que se han formado a lo largo del camino, a pesar de los cambios y las despedidas. La promoción de 2011, creo, la disfrutó en el acto de despedida del colegio.
https://www.youtube.com/watch?v=f-Vqn4TGngI&list=LL&index=203
3.- Los Secretos.- Pero a tu lado. De 1995. Canción emblemática para mí desde que la oí por primera vez en ese año. Quiero que os quedéis todos con el espíritu de la letra. Proyectada en mi despedida del colegio en junio del 2025.
https://www.youtube.com/watch?v=K5PoEObhv_Y&list=RDK5PoEObhv_Y&start_radio=1
4.- Carlos Núñez y The Chieftains.- Alborada de Veiga y Muiñeira de Chantada. Versión del año 2004, cuando publicó un disco de colaboraciones. Son dos canciones simbólicas para los gallegos. Especialmente la segunda. Hay que destacar el ritmo que impone en estas versiones.
https://www.youtube.com/watch?v=uJ1ynTMUj0c&list=LL&index=356
Y termino con unas palabras que no son mías, pero que las hago como tal: A veces no nos damos cuenta del valor de un momento hasta que se convierte en recuerdo. Mis correos personales son: maiztogores@gmail.com y jmmaiz@telefonica.net.
Por si quieres, ver el vídeo que me hicieron en el colegio, lo tienes a continuación:

Muy bien escrito y totalmente de acuerdo contigo. Ha sido un año muy duro para ti. Y los padres que buscan tu blog aquí lo tienen. 👏
Totalmente de acuerdo contigo. 👏 Exacto. Así mismo. El final de curso para ti ha sido muy duro. Los padres que buscan tu blog aquí lo tienen. Por supuesto la música 🎶 totalmente de acuerdo contigo. Tanto en Los secretos como con Carlos Núñez. 👏 👏 👏 👏 👏
Cuando uno se marcha y es despedido con un merecido aplauso; eso es que ha hecho las cosas bien.
Gracias por tus consejos literarios, enhorabuena y un fuerte abrazo.
Conmovido por tu blog anterior sobre tu madre que tanto me quería y tanto la quería y en el que también haces un retrato cabal de aquel hombre de bien cristiano de honda fe y extraordinario médico que fue tu padre.
Leo con mucho interés tu razonada despedida del colegio, y el enorme cariño del acto que organizaron con ese motivo. Ya te dije que coincidí con alguno de tus alumnos que te recuerdan como un gran maestro.
Estoy seguro de que Loli se va a beneficiar de tu apoyo y compañía aún más de lo que llevas haciendo tantos años. Pero que se cumpla también tu compromiso de seguir haciendo libros y poemas.
No sé si iréis este año a la Mahía. Nosotros, en Gijón, donde la ola de calor será muy soportable.
Con un fuerte abrazo para los dos
Carlos
Enviado desde Outlook para Androidhttps://aka.ms/AAb9ysg
He disfrutado y me he emocionado mucho leyendo tus palabras.
Te abrazo fuerte.