Mi sombra se ríe de mí, con esa ironía silenciosa que parece conocer todos mis secretos, y me dice que el cuerpo los olvida con el tiempo. Pero no es cierto, porque basta con pensarte un instante —recordar tu piel, tu respiración, la manera en que te acercabas sin prisa— para que algo dentro de mí despierte. Entonces mi mano recuerda antes incluso de que lo decida mi mente, y comienza a moverse lentamente, con un ritmo antiguo y natural, como la marea que avanza y retrocede sin pedir permiso. Poco a poco el cuerpo vuelve a latir con una intensidad que creía apagada, y cada recuerdo se vuelve más claro: tu boca, tu lengua, la noche en que nuestros cuerpos se buscaron con urgencia mientras el resto del mundo desaparecía alrededor. Mi sombra intenta detenerme, intenta convencerme de que todo eso pertenece al pasado, pero el deseo ya ha comenzado a caminar y no escucha advertencias. La habitación parece arder despacio, como si el aire mismo estuviera cargado de una electricidad suave, y dentro de mí crece una ola que no deja de elevarse. Cierro los ojos y dejo que llegue ese momento inevitable, esa convulsión breve y profunda del placer que atraviesa el cuerpo como un relámpago silencioso. Después llega el silencio, y la respiración vuelve poco a poco a su ritmo lento mientras el cuerpo recompone su calma. Entonces me levanto, recojo las cenizas invisibles que quedan en la habitación, y escribo con ellas, porque incluso la ausencia puede convertirse en palabras. (Poetario) (Obra completa de poemas en prosa) (1994-2026)
DESEO
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