CENIZAS

Me despierto entre cenizas, con la sensación extraña de que alguien intentó quemarme durante la noche, aunque también podría haber sido solamente un sueño que todavía se aferra a mi piel cuando abro los ojos. Me levanto despacio y sacudo el polvo gris que cubre mi cuerpo, como si cada movimiento despertara recuerdos antiguos, porque hubo en mí una fuerza que ardía con intensidad, un fuego antiguo que parecía imposible de apagar. Sin embargo, ahora solo quedan restos tibios, brasas ocultas bajo una capa de silencio. Me palpo el pecho casi sin pensarlo, y entonces los pezones me despiertan una memoria inesperada, como si todavía recordaran la presión de tus dientes y el eco de tus labios. Cierro los ojos lentamente y, mientras respiro hondo, imagino tu boca acercándose otra vez, tu respiración cálida recorriendo mi piel como una corriente suave que vuelve a encender lo que creía dormido. Pero la sombra aparece, inevitable, y me susurra con una voz tranquila que ya no volverás. Entonces me dejo caer en la vieja butaca, de cuero cansado y oscuro, mientras la habitación parece respirar despacio a mi alrededor. Evito mirarme en el espejo, porque sé que encontraría demasiada tristeza en ese reflejo, demasiada ausencia acumulada en los ojos. Y, sin embargo, algo comienza a despertar dentro de mí, una memoria profunda del cuerpo que se mueve lentamente, oscura pero persistente. Es entonces cuando pienso en ti, y en ese instante el deseo regresa, no como un incendio, sino como una brasa pequeña que, a pesar de todo, sigue viva. (Poetario) (Obra completa de poemas en prosa) (1994-2026)

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